marxismo, sociedad y arqueologia
Raúl venia dando la vuelta en la esquina, tenia cubierto el rostro con un bálsamo de sudor y los ojos como un coagulo petrolaceo denotaban cierta preocupación. Llevaba 20 minutos de atraso y más encima había tenido que aguantar los reclamos de una vieja en la micro. Vive a una hora y media del centro de Santiago de donde se emplaza la obra. Se levanta a las 5 de la mañana para estar a las 7:30. recién llegando a la zona de empalme, ponerse su uniforme, acarrear las sintas, las palas y tener todo listo para comenzar una jornada mas de trabajo. Ya venia agarrando vuelo cuando notó hacia lo lejos un tumulto de gente agolpadas fuera de la reja. El negro Jiménez entremedio de la multitud le hacia señas para que se apresurara.
-¿Que pasa negro?
-¡Na’ compañero, ¿No esta viendo que nos fuimos a huelga?
-¿Y para que iñor,? Si al final el patrón es el que manda y siempre ha sido así. No sacamos na con andar revolviendo el gallinero.
-¿Y usted como sabe? No ve que nosotros los trabajadores somos la base de la sociedad y el patrón se lleva todo mientras nosotros nos deslomamos el lomo.
-Pero si así no mas funciona la cuestión.
Entender las sociedades desde el principio de las relaciones sociales de producción entre el patrón explotador y la clase trabajadora, y los modos de producción, es decir, desde el concepto de “trabajo” no implica que estas hayan sido iguales en todas las sociedades del mundo a través de la historia. Los conceptos extraídos del materialismo histórico y de la teoría sustantiva del Marxismo entiende el concepto de trabajo como una construcción epistémico que impone el capitalismo, un concepto que no puede emplearse mecánicamente para definir cualquier sociedad, ya que a la única que caracteriza es a la sociedad capitalista. Pareciera entonces, que no siempre ha sido así, como dice Raúl. Cada sociedad posee una configuración particular de relaciones. Las sociedades modernas en su caso particular han terminado por alienar al trabajador, de vaciar la capacidad histórica que tiene para cambiar -valga la redundancia- su propia historia y la de los demás, de acuerdo a las necesidades del capitalismo: Hacerlo pensar que siempre “ha sido así”. Para la Arqueología social Latinoamericana es imprescindible que la reconstrucción de los modos de vida del pasado, de las sociedades precapitalistas, como modelos explicativos del surgimiento de las formas de dominación y explotación como un proyecto revolucionario, de la mano de un compromiso político en donde, utilicemos ese conocimiento para trascender en la practica. Por lo que se hace necesario el estudio de estas relaciones específicas, porque son las que cualifican a las totalidades que sirven como caracterización de la sociedad y de sus formas de dominación.
Es por esto que el arqueólogo es más que un buscador de artefactos de culturas pasadas, ya que debemos entender el estudio del registro arqueológico no solo para constatar actividades especificas, manifestaciones singulares o particularidades de una cultura. Necesitamos reconstruir los modos de vidas y los procesos sociales que se dieron lugar en dichas sociedades. Así logremos entender el presente a través del estudio de los testimonios de las actividades económicas (los instrumentos de trabajo, el medio físico u objeto de trabajo, los restos aseos como testimonio corpóreo de la fuerza de trabajo, la producción y los desechos) se puede explicar una sociedad concreta en todas sus dimensiones.
La arqueología como una ciencia social deberá entonces, ser desde nuestra realidad latinoamericana capaz de impactar la sociedad, llevarla a un cambio de sus condiciones materiales de existencia presentes y como esta existió alguna vez en el tiempo.
