Reconstruyendo el pasado, construimos presentes: El papel de la arqueología en Latinoamérica
Raúl es Obrero de la construcción. Generalmente los domingos, que es el único día libre de la semana para él, despierta un poco mas tarde que de costumbre. Los calores de estos meses poco y nada le parecen atractivos para salir. La gente en su población se sume en el caldo veraniego de las tardes y capean desde el interior de sus casas el halito abrasador de las tardes, que humean coléricas en el pavimento. A esas horas en la Tele parecieran pasar programas que solo hacen mas lento del transcurrir del día. No es que prefiriese estar en la pega. Pero así y todo deja su mente estilando, transeúnte de un mundo caótico de información y su deporte favorito que ha venido practicando sagradamente desde hace años: el zapping. Daban uno de esos programas que llaman “culturales”, documentales de esa gente que le gusta andar haciendo hoyos y desenterrando huesos por puro gusto. Raúl poco sabe leer. Más de alguna vez le pidió ayuda a su hijo para leer los titulares del diario. Pero bien sabido tenia el hecho de que la historia ya estaba escrita en los libros, y era cosa de abrirlos. Y entonces se pregunta: ¿Para que diablos sirve la arqueología entonces, y de que me sirve a mí?
-Generar un conocimiento del pasado, es una labor bastante difícil. Muchas veces no nos cuestionamos el porque nuestra sociedad funciona de una determinada forma, si no que nos contentamos con saber que simplemente lo hace, y de las misma manera los argumentos que sustentan esas formas de funcionar provienen de un discurso científico que por el solo hecho de “ser científico” lo asumimos sin cuestionar. Cuantas veces no hemos escuchado la frase “estudios científicos avalan que…” “O se a comprobado que…”. Ese conocimiento no necesariamente es verdadero por si solo. Cuando Galileo comprobó por estudios de la orbita de ciertos cuerpos celestes, hace bastante siglos atrás, que la tierra no era el centro del Universo tuvo que retractarse porque para la época no era aceptable y no se condecía con la manera de hacer y pensar en dicho momento. Así mismo todo lo que sabemos no es ajeno a las sociedades, se crean en base a las necesidades de cada una de ellas y a la vez responden a los intereses de un grupo dominante, de una elite privilegiada o de políticas estatales que produce esta información para seguir reafirmando su condición. De alguna forma “no siempre ha sido así” como piensa Raúl. La arqueología además de ser una herramienta para reconstruir o explicar las sociedades del pasado también ha servido como herramienta de dominación de las clases oprimidas en Latinoamérica desde sus inicios.
En tiempo de la colonia la necesidad imprescindible de obtener conocimiento de las sociedades indígenas a las cuales estaban explotando y usando como fuerza de desencadeno la emergencia de un sinnúmero de “cronistas de indias”, adecuando a los intereses de los gobernantes metropolitanos y las intenciones de los colonizadores. Esto tuvo una directa incidencia de la Iglesia Católica Romana junto con los portadores civiles y eclesiásticos de la ideología Imperial. Así justificaron las brutalidades cometidas contra los indígenas, su utilización como esclavos mediante el sistema de la mita poniendo en duda mediante sus prácticas -que a los ojos del conquistador parecieron extrañas, bárbaras y salvajes- que poseyeran alma y por lo tanto fueran personas al igual que ellos. Lo mismo sucedió en la emergencia de las economías burguesas de pequeños propietarios agrícolas, ganaderos y mineros, comerciantes y artesanos, los que estaban sometidos a una economía monárquica que limitaba su capacidad de generar recursos para ellos mismos. Una vez que se establecieron como una clase social poderosa dentro del régimen colonial aprovecharon las coyunturas políticas para emanciparse y dar rienda suelta a los procesos sociales y políticos que nosotros conocemos como “independencia”. Una vez creados los nuevos estados latinoamericanos fue necesario crear una historia cultural que alzara y vanagloriara la unidad nacional como argumento de cohesión social. Así la clase burguesa podría continuar explotando a la clase trabajadora, pero dándoles como consuelo el hecho de ser “la patria independiente” “la Patria libre” Habiendo expulsado así al tirano. Esa historia no ha cambiado mucho. Las políticas estatales siguen propiciando una historia nacionalista y una reivindicación étnico-indigenista donde somos todos iguales dos días al año, cuando las diferencias sociales, la falta de oportunidades, la repartición desigual de la riqueza y la explotación se mantienen prácticamente iguales.
